CRÓNICA DE ESA NOCHE EN EL NUEVO ESTADIO DEL CLUB SANTOS LAGUNA (TSM)
Como ustedes, Alexandre Dumas y mi sra. madre lo saben, Les Trois Mousquetaires en realidad son cuatro: D´Artagnan (Benjamín),
Athos (Enrique), Porthos (Lucas) y Aramis (Jorge). A esa cita acudimos los cuatro.
Lo difícil no fue el conseguir el boletaje sino ingresar al TSM. Antes había que sortear dos largar filas: de automóviles y aficionados.
La primera la sorteamos al estilo Lagunero: $100 pesos en el bolsillo del taxista nos garantizaron llegar al TSM en 5 minutos (no exagero). Una brecha que corre en paralelo al canal de riego garantizaba la ausencia de vehículos, personas, retenes, policías, militares y miembros del Estado Mayor Presidencial, sólo una liebre solitaria asomó por ahí. Aquel viejo principio de Derecho (Prima in tempore prima in iure) fue rebasado por ese correcaminos motorizado.
La segunda la afontamos con filosofía. Ya con los pies en el Territorio -y ante la larga fila por delante y detrás- comprobamos el carácter singular del Lagunero: "Podemos morir de hambre, no de tristeza" (tal como reza un haiku irritila en una de las cantinas de Torreón). Digan si no: 37,000 mil almas abarrotábamos el lugar, en un estadio con aforo para 30,000 ("¡¡¡ A dónde estáá, a dónde estááá, aquella crisis que nos iba a limitar !!!").
Continuará...